Delito de odio: aumentan los pinchos y bolardos en comercios para ahuyentar a personas sin hogar

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Delito de odio: aumentan los pinchos y bolardos en comercios para ahuyentar a personas sin hogar

La asociación Bokatas denunció este jueves la proliferación en Madrid de comercios que instalan pinchos, bolardos, barreras u otras medidas disuasorias en lugares donde pernoctan personas sin hogar, una forma para alejarles de sus negocios y que, según los voluntarios, se fundamenta en el “odio”.

Lo llaman “arquitectura hostil” y consiste en alterar espacios públicos con el objetivo de impedir que estas personas duerman allí. Según los jóvenes que forman parte de Bokatas, se está convirtiendo en habitual en barrios como Salamanca, Azca y Malasaña.

Como consecuencia, la organización ha perdido la pista a varias de las personas sin hogar con las que trabaja al verse obligadas a moverse a otras zonas, por lo que la asociación desconoce ahora su paradero.

“En algunos casos eran personas extremadamente vulnerables, mayores o enfermas; al aparecer este tipo de arquitectura, se vieron obligados a abandonar el espacio y no hemos vuelto a localizarles”, denunció Bokatas, que es conocida por prestar comida, atención psicológica y conversación a los más vulnerables.

Por ejemplo, el pasado 20 de enero un establecimiento situado en la rotonda de San Bernardo realizó una obra para instalar una suerte de bolardos, lo que provocó que las personas que dormían ahí se quedaran, según la asociación, “impactados” al ver que no podrían seguir durmiendo allí.

“Las últimas décadas del diseño han ido desarrollando nuevas ideas e impedimentos, como pueden ser la división de bancos que no permiten tumbarse en ellos o el posicionamiento de pivotes en el suelo”, explicó Bokatas.

“DELITO DE ODIO”

Para los activistas se trata de una “vulneración de los derechos humanos”, al suponer aún más “trabas” a las personas en situación de calle. “Estamos viviendo una crisis, estamos encontrando a muchas personas en calle; a la violencia estructural de la situación se suman este tipo de hechos discriminatorios que agravan más la exclusión”, declaró la presidenta de la asociación, Esperanza Vera.

“No podemos dejar de recordar que la calle es de todos. Dormir en calle es la última opción y en la mayoría de los casos el resultado de un proceso largo y duro de exclusión social”, remachó.

En Madrid hay alrededor de 3.000 personas sin hogar, de las cuales unas 700 duermen a la intemperie, según los datos del último recuento realizado por el Ayuntamiento. Para la asociación, poner barreras a estas personas se puede convertir en una “nueva moda” apoyada sobre un “delito de odio”.